Global Council for Tolerance and Peace

MUJERES EDUCADAS, PERO MAL PAGADAS O DESEMPLEADAS EN COLOMBIA

ONU Mujeres resalta que el empoderamiento económico contribuye a superar la desigualdad de género.
Colombia es un país que ha avanzado mucho en materia de igualdad de derechos entre hombres y mujeres… pero en el papel.
En la última década se ha legislado bastante en este sentido: ley para combatir la violencia contra las mujeres, ley de cuotas, ley de igualdad salarial, ley para fomentar la participación política de las mujeres, se penalizó el feminicidio… Sin embargo, falta aplicarlas de manera contundente tanto por el mismo Estado, como por la sociedad y sectores tan cruciales como el empresarial y el político.
Esta es una de las conclusiones del informe ‘El progreso de las mujeres en Colombia 2018: transformar la economía para realizar los derechos’, que presentó la ONU Mujeres Colombia.
“Cerrar la brecha entre la igualdad formal o de jure y la igualdad sustantiva o de facto, es sin duda el principal desafío estructural para hacer realidad el desarrollo y la paz sostenibles”, afirma el documento, que muestra avances, limitaciones y oportunidades para el empoderamiento económico de las mujeres, y su plena participación en la economía y el desarrollo del país.
Entre los logros, que han sido lentos y muy luchados, es alentador ver, por ejemplo, que cada vez las mujeres ejercen más el derecho a la educación, incluso a nivel profesional: entre el 2006 y el 2017, casi duplicaron su participación, al pasar de 32,8 por ciento a 58,5. Para 2016, 6 de cada 10 mujeres, entre los 17 y 21 años, se matricularon en una institución de educación superior, frente a 5 de cada 10 hombres.
Pero la dicha de estar cada vez más preparadas para afrontar el mundo laboral, mejorar sus ingresos y lograr la autonomía económica, se estrella a la hora de encontrar un trabajo, mantenerse en él y devengar un salario igual al de un hombre en el mismo cargo.
Aunque su participación en el campo laboral ha crecido, pues pasó del 46 al 54 por ciento en cuatro años, entre el 2008 y el 2012 se ha quedado estancada.
No obstante, este aumento, la brecha en términos de participación laboral se ha mantenido casi constante con relación a los hombres, con una diferencia que supera los 20 puntos porcentuales.
Más trabajo, menos dinero
Pero aún persiste la desigualdad salarial: es de 17,5 por ciento mayor, los hombres ganan más en igual cargo y responsabilidades.
“La discriminación es evidente en este punto. Una recién graduada en educación superior gana 10 puntos porcentuales menos, que un hombre recién graduado. En esto influye mucho el factor maternidad: tener hijos o la posibilidad de un embarazo”, dice Mina.
Esta brecha salarial se acentúa según el nivel económico y educativo. Por ejemplo, aquellas mujeres que han sido mamás adolescentes, con menores oportunidades educativas y laborales, llegan a ganar hasta un 45 por ciento menos que los hombres, y tienden a dedicarse más al trabajo doméstico, al mercado informal y a las labores del hogar.
EL TIEMPO

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