Global Council for Tolerance and Peace

LA DESERTIFICACIÓN, UNA HERIDA ABIERTA DE NUESTRO CONSUMO

Dos de cada cinco personas están afectadas por los dos mil millones de hectáreas de tierras degradadas. La producción de bienes y su consumo tienen un impacto directo sobre nuestros suelos. Producir un kilo de carne de vaca necesita 22 metros cuadrado de terreno, pero pocos prestamos atención a esto. Los Gobiernos, las corporaciones y los consumidores deben ser conscientes y cambiar los hábitos para salvar las tierras saludables.

Más de 3 mil millones de personas están afectadas en la actualidad por la degradación de la tierra y hasta 143 millones podrían verse forzadas a salir de sus países antes del 2050 para poder escapar de la escasez de agua y de la pérdida de productividad debida al lento impacto del cambio climático.

Para poder hacer frente a estas amenazas, Monique Barbut, la secretaria ejectuvia de la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la Desertificación, ha pedido a los consumidores y al sector privado que se unan a los gobiernos con el fin de salvar las tierras saludables y ha advertido que la falta de preparación para futuras sequías podría conducir a masivos trastornos sociales y políticos.

Esta petición se produce en el marco de la celebración este domingo con ocasión del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación, cuya principal conmemoración se celebra este año en la ciudad de Quito, en Ecuador.

“Todo lo que producimos, y consumimos tiene una huella del suelo. Una bicicleta requiere el equivalente a 3,4 metros cuadrados de suelo para su fabricación. Se necesitan diez metros cuadrados de tierra para producir un ordenador portátil. La producción de un kilogramo de vacuno requiere 22 metros cuadrados,” pero muy pocos de nosotros pensamos en esto en el día a día “porque las pérdidas no son visibles, o por lo menos no se tienen en cuenta en los productos que consumimos” explica Barbut.

Todos somos personas con capacidad decisoria puesto que en nuestra vida cotidiana nuestras decisiones tienen sus consecuencias. Nuestras decisiones, por pequeñas que sean, transforman el mundo, por ese motivo los consumidores deben tomar decisiones que premien a los gestores de la tierra cuyas prácticas la protegen de su degradación.

Barbut, que dirige la institución internacional que se ocupa de la lucha contra desertificación, la degradación de la tierra y la sequía, también alerta sobre los peligros que lleva el reducir el valor real de las tierras sanas a su valor puramente económico.

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